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Derechos humanos, garantías individuales y coronavirus

Los derechos humanos comprenden los derechos y obligaciones que tienen todas las personas, sin ningún tipo de distinción racial, de género, nacionalidad, de edad u otras, mientras que las garantías individuales son mecanismos para la protección de los derechos de los individuos, establecidos en la constitución de cada país.

La diferencia entre los derechos humanos y las garantías individuales es que estas últimas son las expresiones concretas que van a permitir que efectivamente los derechos humanos puedan ser respetados, apelando al marco jurídico de cada país.

Atendamos a las garantías individuales para luego concluir estas líneas adecuándolas al panorama que vivimos con base en la época pandémica.

Las garantías constitucionales se dividen en cuatro grandes categorías.

Garantías de igualdad: son todos los mecanismos que garantizan la eliminación de distinciones entre individuos, entendiendo que todos son iguales y por tanto, están en una misma situación frente a la ley.

Garantías de libertad: son las garantías que aseguran que el individuo pueda actuar de manera libre en la sociedad.

Garantías de propiedad: hacen referencia a la protección del derecho de los individuos de acceder a la tierra con fines productivos, bien sea como propietario o arrendador, entendiendo que la propiedad de la tierra y las aguas es del Estado, pero este tiene que crear los mecanismos para transferirla a los individuos.

Garantías de seguridad jurídica: son todos los mecanismos que protegen la privacidad y el debido proceso de los individuos.

Sí. Se lee muy bonito, pero de acuerdo a la presente situación parece que los pacientes con COVID-19 son quienes gozan de la mejor protección del estado.

Y es que si un individuo contagia a cientos o miles, no existe un caso público en el país donde se castigue a un irresponsable que haya violado todo protocolo de seguridad y de la mayoría no se saben sus datos personales. Sin embargo, por tener derecho, a los enfermos se les atiende con eficacia, se les proporcionan aparatos y medicamentos y todos esperamos su recuperación.

Cuando sucedió que los diarios ya no podían exhibir el rostro de delincuentes, la sociedad reclamó. Unos apelaban al derecho de conocer sus caras para identificarlos e interponer denuncias dado que también pudieran ser víctimas de ellos, otros reclamaban para conocerlos y ser precavidos ante su presencia.

Con el coronavirus hay aquellos que intentan saber «de quién cuidarse» para no contagiar a sus seres queridos, sin embargo, son los «derechos humanos y garantías individuales» quienes lo impiden. Enfaticemos: garantías de seguridad jurídica; son todos los mecanismos que protegen la privacidad y el debido proceso de los individuos.

Pero como ciudadanos «libres de Covid-19» debemos preguntarnos, ¿dónde quedan nuestras garantías de igualdad, de propiedad, de seguridad jurídica y de propiedad ante esta pandemia?

Algo tenemos claro. Para que las cosas vuelvan a la mayor normalidad posible, o se seguirán violentando las garantías individuales o derechos humanos de la mayoría (sin COVID-19) para proteger a una minoría, o bien se tendrán que violar las garantías de éstos pensando en los miles de millones que apenas comenzaron un calvario sin estar enfermos.

La autoridad aun no establece un «toque de queda» sin embargo no se descarta, pero aun en la fase dos nuestra salud o nuestra vida peligran.

El gobierno nunca lo va a decir, pero nuestro derecho a la libertad esta coartado; cada vez más países, estados y hasta municipios limitan el acceso a sus geografías y esto afecta nuestro libre tránsito.

Se obstruyó la educación al ordenar la suspensión de clases. Cerraron negocios o clausuraron propiedades y de un día para otro impidieron el trabajo digno de millones de personas que laboran desde la legalidad en ambientes sanos. Si alguien desea acudir a juzgados o tribunales, por ahora no es escuchado porque los recintos están cerrados y solo atienden «casos urgentes». Para entrar a ciertos lugares está impedido aquél que no porte cubrebocas o se niegue a untarse gel antibacterial en las manos y deberá estar distanciado de otros. Si se trata de un espacio privado y el ciudadano se revela a tales medidas, corre el riesgo de que un guardia de seguridad lo corra o arreste.

Si usted quiere ejercitarse en espacios públicos, no lo puede hacer, todo está cerrado. No lo dejan sentarse en plazas ni puede divertirse con viajes, ir a cines, discotecas, jaripeos o bailes. Usted no puede hacer fiestas familiares, ni velar a sus muertos, y todo porque podría contagiarse de los que andan por ahí en la calle con COVID-19, muchos aun sin saberlo, pero otros sabiéndolo y al parecer a ellos es a quien se les cuidan sus derechos humanos por encima de economías que están a punto de explotar.

Dicen abogados que el bien común nunca puede pisotear las garantías o derechos humanos de nadie, sin embargo, tampoco parece justo que se estén violentando todas las demás de la mayoría de la sociedad, dejándola en un estado de indefensión porque al igual que con los delincuentes que roban, que matan o que violan, ahora no se puede conocer no solo a tales agresores, sino tampoco a los contagiadores para que no los «discriminen».

Ojalá que se legisle al respecto o se promueva otra forma de pensamiento, porque no solo los propios pacientes podrían hacer público su estado a manera de alertar a sus familias y amigos, sino que la sociedad también debe comprender que esta enfermedad no es tan grave como tan contagiosa y que si se promueve esta «cultura del aviso», juntos podremos salir adelante sin que nos falte ninguno.

Algo tenemos claro. Para que las cosas vuelvan a la mayor normalidad posible, o se seguirán violentando las garantías individuales o derechos humanos de la mayoría (sin COVID-19) para proteger a una minoría, o bien se tendrán que violar las garantías de éstos pensando en los miles de millones que apenas comenzaron un calvario sin estar enfermos.

Por cierto, el gobierno insiste en que la sociedad «se quede en casa y que se lave las manos»; pero muchos responden, “pero cómo quiere que le hagamos, si nosotros ni casa (o ni agua) tenemos”.

Nos leemos la próxima… (17/04/20)

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