- Se aprovechan de la buena voluntad de las personas
REDACCIÓN.- «Me da para mi camión?», «¿Una ayudita para los niños con cáncer?», «¿No gusta cooperar para un centro de drogadictos anónimos?», «¿Me ayuda con unas monedas? Necesito comprar una medicina»…
Los estafadores callejeros se valen de cualquier excusa para lograr que la gente les dé unas cuantas moneditas que al final del día resultan una buena ganancia.
Con carita «angelical» —de esas que dan lástima— bajo un sol abrasante, niños de brazos, latas con nombres de instituciones de ayuda, una lengua ingeniosa y muchos argumentos, los estafadores callejeros aprovechan la buena voluntad de las personas y su poder de convencimiento —dos de sus principales herramientas— para lograr sus objetivos económicos. Llegan a utilizar incluso credenciales, uniformes y direcciones falsas para ser más convincentes.
Sin embargo, su principal arma es valerse del sentimiento ajeno, ya que la mayoría de las veces utilizan temas conmovedores como las personas desamparadas, los viejitos, los inválidos, niños huérfanos y hasta alguien en peligro de muerte, con tal de adquirir unos cuántos pesos ganados sin mayor esfuerzo.
Sin embargo esta actividad no se considera grave, y pocas veces se detiene a los engañadores, incluso la gente ni siquiera denuncia, porque no saben que están siendo víctimas.
Conclusión. La próxima vez que le pidan dinero por alguna noble causa, por pretextos extraños o simplemente usted sospeche que hay algo que no cuadra, antes de pensar en darle dos pesos a ese «pobrecito», utilice su sentido común.













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