POR GENTE QUE BAILA | San Luis Potosí, Méx.- Las calles de la colonia Satélite en San Luis Potosí se vistieron de luto y nostalgia este jueves 22 de enero cuando amigos, familiares y compañeros de baile se reunieron en República de Colombia número 377 para rendir un emotivo homenaje a Johana Martínez Rocha, mejor conocida como «La Cope» o «La Copetitos», quien partió dejando un vacío imposible de llenar en la comunidad sonidera potosina.
La joven, nacida el 11 de enero de 2002 y fallecida el 12 de enero de 2026 en hechos que aún permanecen bajo investigación, apenas había cumplido 24 años cuando la muerte la arrancó de los brazos de quienes la amaban, dejando un hueco en las pistas de baile que antes vibraban con su alegría y su inconfundible estilo para moverse al ritmo de la cumbia colombiana.
La familia Martínez Rocha y el compa Gansito convocaron a la “levantada de cruz”, a partir de las 21:00 horas del día 22, nueve días después de su partida, en lo que se convirtió en una celebración de vida donde la música, el baile y las lágrimas se mezclaron para honrar la memoria de quien supo ganarse el cariño de toda una generación de sonideros potosinos.
La noche cobró vida cuando el Grupo «Apasiona2 de la Cumbia» hizo sonar los éxitos colombianos que tanto fascinaban a Johana, esas melodías que la hacían brillar en cada baile, esas canciones que ahora suenan distintas porque ella ya no está para marcar el paso, para sonreír mientras giraba, para demostrar que bailar era su forma de respirar.
Luego llegó el momento más desgarrador cuando Ismael Guerrero Ramírez del Sonido La Rumba 2000 tomó el micrófono para entonar unas palabras de homenaje que quebraron el alma de los presentes, parientes y amistades cercanas que se congregaron frente al domicilio, necesitados de ese espacio para llorar, recordar juntos y bailar con el espíritu de La Cope flotando entre ellos.
La multitud quedó impactada ante un mural recién pintado por un artista urbano, donde el rostro de Johana sonríe eternamente desde la pared, capturando esa esencia que la caracterizaba, esa luz que irradiaba cuando entraba a una pista, una presencia que ahora solo vive en retratos pero que se siente palpitar en cada rincón donde alguna vez ella bailó.
«Como todos así la conocíamos, La Cope, hoy vamos a brindarle este pensamiento, hasta donde ella hoy está contenta, de que cada uno de nosotros la recordemos como a ella le gustaba», comenzó Ismael con voz entrecortada, pidiendo a la gente que se arrimara porque «ella está entre nosotros, en un simple retrato, pero ella está aquí, se puede sentir su presencia, porque ella fue y será una amiga, una hermana, una gran hija».
Las palabras fluyeron como río de dolor cuando reconoció que «es inevitable estar tristes tras su partida», y que todos los presentes en esa levantada de cruz dedicarían el homenaje «de todo corazón», porque «de hoy en adelante aquella mirada, aquella sonrisa quedará plasmada en lo más profundo de nuestro corazón, hoy la música se viste de luto, aquellas pistas ya no serán igual sin tu presencia».
Ismael elevó el tono de voz hasta convertirlo en grito del alma cuando declaró: «Hasta donde tú estés te agradecemos infinitamente el haber formado parte de nuestras vidas, Cope, sabemos que simplemente te has adelantado, que has tomado ese camino que todos algún día recorreremos, hasta volvernos a encontrar, así es amiga nuestra, algún día llegará ese momento en que estaremos juntos y volveremos a abrazarnos, a sonreír, y nunca más nos volveremos a separar».
El homenaje alcanzó su punto culminante cuando Ismael pidió un fuerte aplauso para recordarla como ella se lo merece, y dio inicio al baile con la canción «Los Recuerdos No Abrazan», gritando esa verdad que cala hasta los huesos: «No muere quien se va, muere quien se olvida», y entonces la pista comenzó a llenarse con los amigos bailadores de La Cope, porque la vida sigue, y con ella la música y el recuerdo imborrable de la homenajeada.
Johana Martínez Rocha unió a la comunidad sonidera potosina, esa familia de amantes del baile, de la música y el ritmo colombiano que encuentran en el ambiente sonidero su razón de ser. Sus amigos la extrañan con ese dolor que no tiene palabras, la recuerdan alegre, llena de vida, siempre dispuesta a dar lo mejor de sí en la pista, contagiando felicidad con cada paso, regalando sonrisas que ahora solo viven en la memoria.











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