- Como en todo el país, se pintaron mejillas, se dijo salud y se tocaron cláxones
Rubén Salazar.- Y en moto o carro la gente se salió a celebrar. Digo, los que pudieron, y tenían tiempo. Después de una mitad de juego que terminó en ceros (ya nos veíamos con otro “empate que sabe a victoria”), vinieron 45 minutos de emoción, de tiros en el poste, de buenas llegadas.
Este lunes fue diferente a los otros, tan odiados, pues en donde quiera se oyeron gritos de felicidad a partir de las cuatro de la tarde, y trompetas y porras a partir de las cinco. El triunfo de la Selección Mexicana y su pase a la siguiente ronda, a octavos, donde lidiará con Holanda, no dejó indiferente a nadie, o casi nadie. Los goles de Andrés Guardado, Rafael Márquez y Javier Hernández causaron una oleada de buena vibra en casi todas partes.
Desde antes de empezar un partido se puede disfrutar de una victoria… o de un vampirito. Los que tuvimos oportunidad de descansar, de darnos tiempo frente al televisor fuimos a un bar, otros a casa de la familia, los que menos en la terminal de los Autobuses Cerritenses.
En el bar Total hubo lleno. Gente ya grande, algunos iban saliendo de la oficina, otros que estaban con algún tío o familiar.
El bar es un sitio donde aún se puede reír y llorar, donde el cantinero es como el sabio de la tribu; si es buen cantinero. Algunos parroquianos ya estaban colocados frente a la pantalla gigante, otros en las televisiones. Pocas mujeres, acaso unas cuatro. Algunos ya con la playera verde del deporte que más llena de pasión. Cantando el cielito lindo. Cerveza o “Whisqui”, papitas o cacahuates. Todo apuntaba a una buena tarde. Un hombre llora en la tele al oír el Himno Nacional, y en el bar se destapa una cerveza. Nadie está en posición de firmes aunque sí se baja la voz. Ponerse la verde o no, es la cuestión.
En la televisión, las caras de los aficionados ante ciertas jugadas intentan ser un editorial, fuente de “memes”, capturas de la emoción que sorprende a los que comparten el momento. El mismo gesto en la cancha y en la banca, en las gradas del estadio, frente a la tele. Hasta la cerveza se cae a veces, o empuja uno al de al lado.
Las risas ante las caras del Piojo Herrera, que no puede evitar transformarse por la ira o por la alegría, el gesto con el brazo y el chin… contenido cada vez que había un acercamiento peligroso. La entrada del Chicharito es aplaudida y un hombre algo entonado se encarga de corear ¡México, México! Finalmente el equipo mexicano se acopló y los goles llegaron. Guardado, Rafa Márquez y el Chicharito Hernández (después de que le bloquearon un gol con la mano) lograron su cometido y anotaron, aun con el gol de la honra que le metieron los croatas vía Persic a Memo Ochoa, el deportista más deseado de México, al menos hasta este partido. Habrá que ver cuántos corazones regresan a Márquez, o cuántos van en busca de Guardado.
Y después a celebrar. Al menos cinco vehículos dieron vueltas a la plaza de Cerritos durante un buen rato, con el claxon desentonado y las mejillas tricoloreadas, bien sonrientes. A la patrulla no le quedó otra que seguirlos, o acaso también estaban celebrando la victoria de los ex ratones verdes.
¡Ya veremos cómo pinta el verde frente al naranja!







Los comentarios están cerrados.