- No hay solución para los pacientes que deambulan por las calles
MARCO SERNA.- La creciente población de Cerritos ha traído consigo un aumento en los problemas sociales que afectan al municipio. El consumo de drogas a temprana edad se ha convertido en una práctica común, y las autoridades no cuentan con centros de tratamiento para estos jóvenes. En las calles de la ciudad es común encontrar personas drogadas o borrachas sin que las autoridades puedan hacer algo al respecto.
Sin embargo, hay un tema en particular que preocupa aún más a la comunidad: el peligro que representan ciertos individuos que padecen de problemas mentales. Gerardo Antonio, por ejemplo, es un residente de Villa Juárez que suele robar y dañar cosas, y su madre no sabe cómo ayudarlo. Además, Gerardo ha demostrado comportamientos autolesivos, lo que hace evidente la necesidad de atención psiquiátrica.
Otro caso que ha llamado la atención es el de José Misael Rivera Hernández, quien golpeó a una mujer adulta sobre calles cerritenses y ha sido visto en estado de ebriedad diciendo incoherencias en la vía pública. Además, se ha reportado que se masturba frente a mujeres, lo que ha causado temor en algunas personas. A pesar de esto, las autoridades parecen no tener una solución para él, y nadie está dispuesto a pagar por su tratamiento especializado.
El Chapa, por su parte, ha sido acusado recientemente de allanamiento de morada, ataque y robo en el barrio de San Juan. Aunque la policía lo detuvo, fue liberado y ahora sigue vagando por las calles, comportándose de manera inapropiada.
Finalmente, Fernando Salas El Juez también ha sido protagonista de varios escándalos. Este individuo suele drogarse y emborracharse en público, y su comportamiento violento lo ha llevado a participar en peleas, amenazas, acoso e incluso exhibicionismo frente a menores. A pesar de todo, siempre queda libre.
Todos estos casos ejemplifican la falta de atención y recursos que el sistema de salud mental tiene para ofrecer. Si bien estas personas no son peligrosas en sí mismas, su comportamiento errático y violento representa un riesgo para la comunidad. Es necesario que las autoridades tomen cartas en el asunto y proporcionen los recursos necesarios para ayudar a estas personas a recibir la atención psiquiátrica que necesitan. Claro que hay otros ejemplos, pero nos hemos enfocado en hechos recientes.















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