Una de las conductas sociales más reprobables, cuyo daño psicológico se equipara al “bullyng” escolar es el acoso laboral, también conocido como acoso moral, hostigamiento laboral o “mobbing”.
Derivado de la falta de recursos para liquidar a quienes no encuadran en los planes del actual ayuntamiento, esta perversa acción parece aplicarse ya por parte de algunos de los nuevos titulares de las dependencias municipales, quienes por instrucciones o a título personal tienen como consigna presionar a trabajadores no afines al nuevo gobierno o al dúo presidencial para obligarlos a renunciar a su trabajo.
En esta forma de violencia psicológica el empleado es sometido a humillaciones, provocaciones y otros actos negativos durante la jornada laboral. Estos actos provienen en vertical descendente del jefe a subalternos incómodos.
La presión la llevan a cabo de forma sistemática, paulatina y recurrente, logrando hostigar, intimidar, o perturbar a la víctima hasta que abandone su trabajo (renuncie), pida su cambio o traslado hacia otra área.
La estrategia consiste en deshacerse de empleados molestos, o de aquellos que por gozar de estabilidad laboral no se les puede rescindir su contrato impunemente.
Con esta aviesa táctica causan la desesperación, la alteración psicológica del trabajador del cual quieren deshacerse sin que el cese suponga una carga económica para las arcas municipales por las consecuentes demandas laborales.
“El maltrato psicológico le ocasiona al trabajador síntomas adversos como ansiedad, miedo acentuado y continuo, sensación de amenaza, ira y ansiedad y otros trastornos emocionales como sentimientos de fracaso, impotencia, frustración, baja autoestima o apatía. Incluso es posible encontrar cuadros depresivos graves, como trastornos paranoides e incluso, tendencias suicidas”, dicen los especialistas en materia de defensa de los derechos humanos.
Es difícil creer que -dada su formación académica, familiar y moral- la alcaldesa y su cónyuge, estén de acuerdo con estas prácticas deleznables, diametralmente opuestas a su conocida tradición religiosa y a su militancia en un partido que postula el humanismo como uno de sus estandartes ideológicos más relevantes.
Lógico es suponer que a la señora presidenta no le falta asesoría legal calificada para obrar con justicia en la terminación de las relaciones laborales con quienes no son de su equipo ideal en vez de tutelar actos perversos.
Y hay que reconocer también que es válido negociar con los despedidos para reducir al máximo las liquidaciones y evitar así un mayor desfalco a las arcas municipales y a la vez conjurar el riesgo de laudos adversos a consecuencia de despidos injustificados como sucedió en administraciones anteriores.
Lo que no se vale es el hostigamiento malévolo que se empieza a manifestar contra algunos empleados heredados por anteriores administraciones. Esto se opone frontalmente al mandamiento religioso de amor al prójimo que es sustento moral de la filosofía cristiana y democrática que el panismo enarbola.
La situación es tan delicada que si la Edil y su consorte están enterados y lo aprueban, quedarían exhibidos como personas de moral farisaica y si no lo están deberán investigarse a fondo estás prácticas y buscar una solución justa al problema y a la vez erradicar de un tajo estas negativas actitudes de sus colaboradores.
Por lo pronto, ante un sindicato municipal bisoño y por lo mismo ingenuo y una obsesión oficial por liberar plazas para pagar favores de campaña, los empleados no panistas quedan en estado de indefensión ante sus patrones.
Decir una cosa y hacer otra se llama llanamente hipocresía y eso también es ausencia de Dios.
CINCELAZO: Dios vomita a los hipócritas.
PD: Los saludos de los ex candidatos hacia el público en general, comienzan a disminuir en intensidad una vez logrado el objetivo.

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