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Cerriles 1752

La observación es un elemento indispensable durante la realización de viajes. Sin importar el lugar, nuestra mirada sucumbe al encanto de paisajes naturales o bien ante la creación de obras artísticas que nacieron gracias a la imaginación y a la mano de la humanidad.

Debido a la conquista española, nuestro país cuenta con magnífica estructuras de catedrales o grandes iglesias, todo como parte de una cultura mundial que comenzó hace más de 2 mil años con la expansión del cristianismo.

En cada ciudad de México, o bien en cada uno de los municipios es común observar una iglesia y frente a ésta una plaza o jardín con su respectivo kiosco.

Quienes viajan a distintos sitios son testigos de éstos escenarios, y al adentrarse en el interior de catedrales o templos, quedan maravillados por la arquitectura o diseño de tal edificio.

Algunos tienen cientos de años, pero si nos remontamos más atrás de la conquista española, nuestras raíces poseen una cultura que de acuerdo a las exploraciones arqueológicas, levantó templos en honor a deidades muy distintas a las de hoy, pero que aun sorprenden no solo por el significado histórico, sino porque las construcciones siguen de pie y rodean grandes misterios que siguen sin ser resueltos.

A diferencia de las construidas por españoles, que tendrán más de 400 años, las de nuestros pueblos originarios tienen casi el doble de edad, pero aquí cabe hacer énfasis en lo siguiente: los cimientos siguen firmes.

Imaginemos todos los fenómenos meteorológicos que enfrentaron al paso de los años. Altas y bajas temperaturas, tormentas, vientos de cientos de kilómetros por hora, granizos, o hasta incendios, pero las bases permanecen impasibles.

En una época donde no había internet, teléfonos, maquinaria, ni televisión ni universidades, parece que los constructores solo utilizaban la inteligencia, las manos, las piedras y la tierra. Pero ¿quién enseñó a esos constructores de nuestros pueblos nativos tales técnicas? Todo indica que los vestigios forman parte de una sabiduría adquirida en siglos que sería heredada de generaciones en generaciones.

Pues bien, dicen que Cerritos se fundó en 1826. Nuestra gente andaba a pie, o en caballos aunque luego pasó el tren, pero los pobladores empezaron a construir sin una visión a futuro. Parece que las personas no imaginaron que alguna vez este lugar estaría lleno de motocicletas y vehículos, y de miles de ciudadanos, pero no solo eso. Tampoco se consideró un drenaje de calidad que no solo desaguara las corrientes que pasan por las arterias durante los aguaceros, sino que se pudiera aprovechar el líquido con su respectivo tratamiento, y qué decir de las construcciones particulares. Se levantaron casas y locales que en menos de 10 años ya estaban cuarteados y al parecer aquellos edificios públicos antiguos que siguen de pie, no fueron diseñados por pobladores nativos.

Se supone que a estas alturas, ingenieros o arquitectos, o bien encargados de obras, acuden a las mejores universidades, pero sus trabajos pocas veces pueden perdurar cientos de años como las construcciones de las que hablamos al inicio de este escrito.

Los aguaceros que han azotado a Cerritos esta semana, dejan ver lo vulnerable que es nuestra infraestructura para en caso de catástrofes naturales.

Las corrientes agrietan casas y calles, inundan moradas, se llevan vehículos, arrastran o colapsan puentes. La fuerza de los ríos afectó las vías del ferrocarril y de paso sepultó la súper carretera, una obra de varios miles de millones de pesos que se supone sería de calidad mundial pero ya vimos que no es así. Qué triste, porque aparte de peligrosa, es cara y ahora vemos que hasta de construcción pésima.

Volviendo a Cerritos, muchas veces la gente reclama por las condiciones de calles. Se llenan de baches, se inundan o cuartean incluso antes de inaugurarlas, mientras tanto, tramos que fueron construidos con filas de piedras azules siguen dando batalla.

Ahora bien, los grupos sociales se apropiaron de forma irregular de predios que carecen de servicios básicos o incluso es casi imposible acercar hasta ahí el drenaje, la luz o el agua, pero ellos construyen y al final reclaman al gobierno dicha falta de servicios.

Otros, a sabiendas de que construían sobre terrenos de cultivo que también sirvieron para el paso de aguas, hoy no solo ven cómo se derrumban sus cuartos, sino que sus colonias quedan sumidas entre lagunas cuando ocurren fenómenos como el de esta semana. Otras veces son invadidos por aguas negras.

Mientras la gente no se ocupe por hacer las cosas lo mejor que pueda, teniendo en cuenta una visión a futuro para prevenir molestias o tragedias, seguiremos siendo vulnerables.

Cerritos es un lugar bello, pero los destrozos, la obstrucción de caminos debido a corrientes de agua, el colapso de puentes o la inundación de fraccionamientos enteros son prueba plena de que algo hicimos mal.

Nos leemos la próxima…

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