- Pensaron que la unidad haría la fuerza, pero la realidad acabó superando a la fantasía…
Por FRANCISCO VALERO.- La élite, la clase política del municipio y estado, son todos los que de alguna forma participan en la vida pública. A ellos son a los que les interesa el poder y la administración pública.
Dicha élite está integrada por los poderes formales legislativo, ejecutivo y judicial de los tres órdenes de gobierno, por los «poderosos» o poderes de facto, sectores empresariales, comerciales o sociales, y por los partidos políticos y hasta la iglesia.
Pues bien, esa soberbia clase política fue vergonzosamente derrotada en las elecciones del pasado 6 de junio en el estado potosino, sobre todo en este municipio, donde todavía tenemos la oportunidad de conocernos o de saber quién es quién.
Lo mismo sucede en el ámbito de la política, así pertenezcamos a partidos o ideologías diferentes, al final todos sabemos «de qué pie cojea cada quien».
Tales grupos de individuos son los que componen esa élite, aunque con diferente posición social, económica y jerárquica, donde afortunadamente todavía existe gente honesta. Hay quien vive para la política y tienen buenas intenciones; pero la mayoría de esa élite ha vivido gracias a ello. Así ha quedado demostrado, por eso pelean los “huesos” con garras y dientes.
La clase política tiene algo en común que los une. Una característica que los mezcla, que les da pertenencia e identidad: el presupuesto, o como coloquialmente se le dice, «los dineros públicos». La mayoría de políticos de allí han hecho su patrimonio.
El finado panista J. Carmen García, (QEPD), cuando fue diputado dijo, «en el Congreso la ideología nos separa, pero el presupuesto nos une». Y así ha sido, de perdido, durante los últimos veinte años. La élite política ha vivido del erario y poco, muy poco, hicieron en favor del pueblo, por eso ahora, a breves instantes de que tome las riendas del estado Ricardo “El Pollo” Gallardo, muchos recuerdan al ex gobernador Carlos Jonguitud Barrios y rememoran que ha sido el único gobernador que ha hecho más obras durante su sexenio.
La clase política se enriqueció, entraron en complicidad, para hacer del gobierno, del ejercicio de la administración pública un «Gran Negocio»; la corrupción y la impunidad fue su “pan de todos los días”. Nunca hemos visto al PAN o al PRI ser combativos contra la corrupción o impunidad y ni digamos sus partidos paleros, el PRD o Conciencia Popular. Solo les interesa llegar a los cargos públicos para su beneficio personal.
En los últimos tiempos no importa qué partido llegue al poder. Todos tienen «cola que les pisen», por eso se tapan unos a los otros.
La corrupción y la impunidad los ha mantenido unidos en un pacto maligno, pero de confabulación, encubrimientos y silencio convenenciero. Todo a costa del presupuesto de los potosinos.
La situación de corrupción y complicidad fue conocida poco a poco por el pueblo, por eso dio un rotundo revés a esa clase política. El pueblo respondió el día de las elecciones, causándoles una derrota vergonzosa e inesperada. La arrogancia que tuvieron por mucho tiempo los mantuvo ciegos sobre el cansancio y hartazgo del pueblo, el resultado fue inevitable. El pueblo se cansó y voto en contra del abuso del poder, soberbia, corrupción e impunidad.
Pensaron que la unidad haría la fuerza, pero la realidad acabó superando a la fantasía, quienes siempre dijeron ser enemigos en campañas, pero cómplices de anomalías, se unieron en una maquiavélica e histórica coalición. Se juntaron para hacer más holgado su triunfo e invitaron al PRD y a CP, pero el pueblo les dio la espalda.
“Si nos unimos, ganamos”, era lo que pensaban. A la élite política no la derrotaron sus adversarios, fueron sus propias acciones y el pueblo los que acabaron con ellos.
El triunfo de Leticia Vázquez Hernández fue contundente a pesar de que intentaron polarizar a la población en contra de la que era la candidata del Verde, argumentando una agresión armada y echándole la culpa de la inseguridad que ha golpeado al municipio. La treta tampoco les dio resultados.
En cambio los adversarios del “Pollo Gallardo” todavía, hace algunos días, albergaban la posibilidad de que los jueces electorales anularan la elección. Ahora con la ratificación de su triunfo por el Tribunal Electoral Federal no hay poder humano que le arrebate la inminente conducción del gobierno del estado, muchos tienen confianza en que tendrá la visión que tuvo en su momento, el ex gobernador Carlos Jonguitud Barrios (+).
De Cerritos ni qué decir, con la reelección de Leticia Vásquez Hernández está garantizado el desarrollo y progreso del municipio.
A pesar de la vergonzosa derrota no se ve que los partidos se reagrupen, sigue la parálisis partidista, tal vez no lo hagan, menos ahora que “las comadres se pelearon”.
Ante esa parálisis muchos nos preguntamos ¿Se sentirá derrotada la clase política?












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