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Travestis de la política

Una característica común hermana a una buena cantidad de militantes y simpatizantes de los partidos políticos en Cerritos y ahora hasta en Villa Juárez: El Travestismo partidista.
Son cada vez más los afiliados a algún partido que desertan para engrosar las filas de otro instituto político sin considerar ideologías o proyectos, impelidos sólo por la inconformidad, ya sea por autoritarismo intolerable de sus líderes, ya sea por no poder satisfacer sus egoísmos políticos en el gremio que abandonan. Así son las bondades de la democracia.
Los partidos se conforman por postulados, proyectos, plataformas electorales, pero sobre todo por militantes unidos por un objetivo común.
Una definición enciclopédica considera a los partidos políticos como “asociaciones de individuos unidos por ideales comunes y que persiguen como meta alcanzar el control del gobierno para llevar a la práctica esos ideales”.
En concreto, un partido político es una organización estable y permanente; que se basa en una ideología y un programa de gobierno para definir sus objetivos, los cuales sólo alcanza al ejercer el poder político, merced al trabajo conjunto de sus líderes y afiliados. Pero cuando el instituto político tiene una gran y diversa militancia, surgen por naturaleza las desigualdades y diferencias internas en pos de destacar individual o grupalmente dentro de las tareas partidistas.
La militancia se “define” como el accionar de los miembros a favor o en contra de ideas partidarias (militar en partidos).
El militante tal como se lo conocía hace unas décadas va perdiendo su sentido ideológico y cada vez más, actúa sin bandera y sin orientación, lo peor de todo, sin valores.
Es frecuente que los militantes deserten al no conseguir satisfacer sus ambiciones personales o de grupo y sin mayor rubor se afilien a otro partido sin que les importe la ideología o la ética partidista. Hoy la política de mercado, que ofrece su cobijo al mejor postor ha desactivado doctrinas, cancela dogmas, conjura el fanatismo en las organizaciones políticas, disminuye liderazgos y lleva a la clase política a navegar con incierto rumbo al puerto de la mediocridad y el pragmatismo.
El militante que antes daba hasta la vida por su partido va desapareciendo para dar paso a un tipo de agremiado convenenciero y rencoroso que muda fácilmente de partido como mudar de camiseta.
Los activos humanos de los partidos están ausentes de causa, de ideología, de confianza, apartados de sus líderes. El militante va perdiendo su condición de tal y ha cedido espacio a los trapecistas de la política, a aquellos que brincan de un columpio a otro despojados de toda vergüenza ética en busca de lograr aterrizar sus ambiciones personales de poder.
Esta situación no es nueva en la región, tiene ya varios trienios manifestándose, pero actualmente se ha incrementado y ningún partido está exento de padecerla. Algo que deberán tomar muy en cuenta los aspirantes a cualquier cargo de elección popular.
Si bien es cierto que no son muchos los desertores, también es cierto que sus actitudes levantan ámpulas que causan escozor en los proyectos de los aspirantes y que deben atenderse antes de que contagien a más correligionarios.
El antídoto más efectivo es el trabajo de campo, convenciendo a los votantes libres e indecisos, que son al final quienes gravitan para inclinar la balanza electoral en pro o en contra de cualquier candidato. Y la fórmula es un buen programa de campaña y mucho, mucho trabajo político de sus bases

CINCELAZO.- Todo lo que no sirve para la colmena no sirve para la abeja. (Proverbio Hindú).

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