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ENTRE DEBATES, PLAYMATES Y LETRAS TE VEAS

Por: Juan José Campos Loredo
Entre candidatos que tanto a nivel nacional, como por ende, estatal y municipal, nada más no se ve por donde se pueda encaminar a buen rumbo a este país, se dio el tan mencionado debate entre los candid(h)artos a la presidencia. Y la pregunta que me hacia al verlo es ¿Cómo es que abona esto a la cultura, obviamente cívica de nuestro país? Siendo este el 4º. Ejercicio realizado en nuestra historia, recordando los otros cuatro debates que se han dado desde 1994, resulta lamentable seguir viendo que, a 18 años del primero, la sustancia sigue destacando por su ausencia. De aquel primer debate entre un asustadizo priista Ernesto Zedillo (encumbrado como candidato emergente por el dedo del Sr. Salinas ante el asesinato del candidato oficial Luis Donaldo Colosio, quien se atrevió a revelarse al sistema en el histórico discurso del 6 de marzo de ese 94), un Cuauhtémoc Cárdenas (quien recargado, regresaba después del mega fraude del 88 encabezado por el ahora candidato a senador por las izquierdas Manuel Bartlett, quizá de aquí el sentido del “mundo al revés de AMLO”), y el golpeador del momento (o distractor, como se le quiera llamar) el secuestrable panista Diego Fernández de Ceballos, el “Jefe”, quien en ese debate saldría victorioso al irse sobre la yugular en todo momento al candidato perredista Cárdenas y que a partir de este calculado triunfo, fruto del ataque, levantaría en las encuestas a su favor, a las cuales declinaría al “echarse para atrás” ante lo evidente: el ataque era para fortalecer al candidato oficial y debilitar al de la izquierda, no para echarse a los votantes al hombro y salir como virtual ganador a la presidencia. Rápidamente se desapareció discrecionalmente del mapa y poco a poco, ante el ataque consistente contra el abanderado perredista, encabezado por el siempre inefable Consejo Coordinador Empresarial y una campaña de destrucción masiva de la imagen de Cuauhtémoc al ligarlo con el, en ese entonces popular EZLN, rindió sus frutos y la presidencia se quedó para el que sería el último presidente priista del siglo XX: Ernesto Zedillo Ponce de León.
Diego Fernández de Ceballos fue el alfil que pegó sin piedad con esa arrogancia que siempre lo distinguió. A partir de ahí, el papel de distractor es un papel que mucho le ha tocado jugar a los partidos minoritarios. Nada tienen que perder y al menos mucho que ganar si mantienen el 2% del voto para sostenerse en la nómina de los partidos. Ese es su principal ambición y obviamente ser factor de distracción para sumar o restar al candidato que sea o no sea afín de sus intereses. En los siguientes debates (2000 y 2006) jugaría este rol el respetable y ya fallecido Gilberto Rincón Gallardo. Después “la mujer hecha política”, encarnada en una sobrevalorada Patricia Mercado y ahora en el buen maestro que sorprendió a todos, Gabriel Quadri, el candidato del PANAL. Aamparado por la mujer más poderosa de la vida política nacional, la dirigente sindical vitalicia, Elba Esther Gordillo, jugó su papel en el debate. Con sus buenas intervenciones, que con mucho opacaron (aunque nunca lo pelaron) al menos en lo que a propuestas a los otros candidatos se refiere, se volvió el punto de enfoque de muchos indecisos y de otros que de pronto vieron, en este hombre de anacrónico bigote y energía relevante, a una opción viable de valorar.
Los otros en cambio, los representantes de los partidos “fuertes”, mucho destinaron de su tiempo a lanzar los consabidos ataques, pareciendo intentar que en cuestiones de rating, se pudiera hacer eco de la pretensión del amo y señor del ajusco, el agiotista y empresario Ricardo Salinas Pliego, de hacer de este evento un evento de consumo y no un ejercicio de valor cívico. Este, a pesar de su “rebeldía” tuittera en contra del IFE de no ceder su principal cadena para la transmisión del debate, en aras de hacer que México todo viera el pase de su equipo, el Morelia a Semifinales ante un intenso tigres, finalmente pago cara su soberbia: eliminado mediante goliza su equipo Monarcas y con un rating menor al que el debate propició.
Y volviendo al debate, este pareció ser el modo en que JVM (con nuevo look de por medio) encontró para que de inmediato pudiera volcarse en la “señorita Laura” de los debates al lanzar sus puyas contra el “desgraciado” de EPN, ante la sonrisa, feliz, muy feliz de la moderadora Lupita Juarez, periodista ya de trayectoria en los medios radiofónicos que arrancó más que una suspicacia por su extrema felicidad y latente emoción, que al comienzo del mismo, contribuyo a ser contagiosa y sorpresiva segundos después, ante la presencia de la espectacular modelo y su sugerente vestimenta, prontamente bautizada en las redes sociales como “La Edecán del IFE” la playmate argentina Julia Orayen, a la cual, los lentes y sobre todo los bigotes del cándido candidato de Nueva Alianza, el buen Quadri, se le fueron encima relamiéndose de gusto ante tan voluptuosa cercanía que rozó solo a través de un papelito. La “edecán”, curiosa novedad de México para el mundo, fue la que la producción de este evento nos endilgo y que a muchos nos descontroló o de pronto molestó, no por la mujer, sino por lo inapropiado de la vestimenta, saltando un protocolo de obviedad ante la seriedad que un evento de esta magnitud debería tener para las instancias responsables de regular la vida electoral de nuestro país. Anécdota pura dirán unos, los más sesgados verán lo que realmente fue: un distractor que golpeó con fuerza- ante la estulticia de lo expuesto por los contendientes a la presidencia- en este ejercicio de civilidad.
La cultura del debate no es algo que lamentablemente, la vida política nos tenga acostumbrados. El debatir implica la exposición de ideas, la confrontación de las mismas y con ello la búsqueda de respuestas ante determinada situación que en su definición misma, puede provocar un cambio sustancial en la historia de los pueblos. Por ello que en nuestra historia nacional, que en la vida de nuestros políticos exista tan pobre cultura con respecto a debatir (sin confundir con la malsana intencionalidad que a manera de reality show se le quiera dar, en la ignorancia que implica el desconocimiento y la falta de práctica del mismo) es algo que debe preocuparnos seriamente y no dejarlo pasar al calce. La falta de propuestas, de visión, de estadistas, de nuestra clase política se vuelve más que angustiante. Las campañas políticas se atreven, en las mas de las veces, a entrarle en el juego del rating, ya con destacar lo escandaloso de los procesos, ya con aderezar la imagen física de los candidatos o bien con prometer cosas que en la práctica, el ciudadano común, detecta por lo pretensioso, como inalcanzable. Por ello el debate se vuelve necesario. Pero no solo el debate, sino a partícipes del mismo educados, informados y sobre todo sensibilizados del acontecer cotidiano, de las necesidades de la población, no esta última como mera carne de cañón para lograr sus fines mezquinos, (cosa que en la práctica de la vida política se da sin mayores contemplaciones) y por parte de los dueños de los medios y de las instancias responsables de la educación de nuestro país, de buscar una educación cívica integral que vaya mas allá de los programas de entretenimiento banal que sustentan nuestra televisión a través de sus principales canales que tienen un impacto en la conformación de la opinión del 80% de nuestra ciudadanía y en particular de las clases más desfavorecidas y por ende mas vulnerables y susceptibles de ser manipuladas.
Pan y circo en este bonito debate. Ejercicio que a pesar de todo es positivo todas luces. La oportunidad que como ciudadanos se nos da, de poder ver a los que son los candidatos de nuestros denostados partidos políticos y que sin duda, según las reglas del sistema, uno de ellos ocupara la silla presidencial los próximos seis años. Por ello la necesaria modificación de la estructura del debate que permita una mayor discusión, menos protección a la imagen de los participantes y que sea una mejor herramienta para que los electores decidamos con mejores sustentos, con los mayores conocimientos de causa, cuál será la opción para la vida democrática de está, ya de por sí, atormentada nación.
Y arranca a partir de esta semana El festival de Letras San Luis 2012 que organiza el Ayuntamiento de la capital. Encabezado por segunda ocasión por el editor David Ortiz Celestino, la presencia de un grupo joven que mucho se identifica como “Los Perros del Alba”, han acometido la tarea de hacer de este festival un intento de diferencia. Si bien nunca falta la parafernalia en los eventos musicales que adornaran el festival (la “niña bien” venida a alternativa, Ximena Sariñana, los grupos Bam Bam y Monocordio y la presencia del ochentero, el llamado “Bruce Springsteen” argentino Miguel Mateos (para los nostálgicos, y me incluyo fervorosamente), las LETRAS es lo que pesará y predominará. Se ha criticado la presencia de muchos jóvenes, incluso se dice que son muchos desconocidos. Pero no niego que el sentir un festival, que en esa diversidad y pluralidad puede, en una de esas, recobrar el sentido de volverlo un evento donde los jóvenes puedan retomar esa curiosidad y en su momento pasión por las letras, fuera de los anquilosamientos en los cuales la literatura potosina fue cayendo por esa dañina “República de las letras” que se había tornado los últimos 20 años, en gentes como David Ojeda o Ignacio Betancourt y que habían hecho de los eventos literarios sus parnaso de egos y obvio distanciamiento de las necesidades de las nuevas generaciones. Arranca el festival y con ello la oportunidad de contemplar las letras desde otros vaivenes. Y eso es lo que se antoja rico y con mucho valdrá la pena disfrutar. El agasajo y la mesa estarán puestos para esta orgía del 8 al 12 de mayo. A degustar, a tragarse las letras, en el afán de que a través de estas manifestaciones nuestro San Luis puede ser, un poquito mejor.
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