¿Cuál es el compromiso con Cerritos? ¿Elegir los mejores hombres para formar el equipo de gobierno? ¿O dar chamba a los “fieles incondicionales”? ¿Pagar la cuota al cuate? ¿Pugnar por generar más recursos propios en el orden fiscal municipal o seguir tolerando la elusión y evasión de contribuciones a los mecenas poderosos y potentados amigos?
En términos publicitarios se conoce como mercadotecnia a los planes y métodos encaminados a crear, promover y distribuir un producto determinado capaz de satisfacer las expectativas y demandas de potenciales consumidores presentes o futuros.
En la política moderna esta es una herramienta indispensable para la contienda electoral.
Para la política, la mercadotecnia tiene la finalidad de informar los acontecimientos, los cambios, las estructuras y todo lo que permita a la ciudadanía comprender el espacio político en el que vive y en el que actúa para emitir su voto.
Para tal efecto se aplican las siguientes técnicas: Primero, la mercadotecnia política, que es el conjunto de acciones directas para convencer al mercado electoral de que el candidato, partido o programa electoral que les ofrecen es su mejor y única opción.
Segundo, la publicidad política, que es el conjunto de actividades que se aplican para apoyar el plan de mercadotecnia e implican el suministro de información, la creación o adaptación de la imagen del candidato, la generación de promesas y la materialización de ideas y proyectos.
No se concibe en la actualidad una campaña política ausente de estas herramientas propagandísticas, que a través de lemas, emblemas, pósters, folletos, spots, inserciones mediáticas, pintas y hasta los estridentes perifoneos (de pésimo gusto en su totalidad) saturan al potencial votante de mensajes, bien sean directos o bien sean subliminales con la intención de orientar el sufragio A su favor.
Obviamente Cerritos no está exento de recibir tales bombardeos publicitarios, engañosos e increíbles la mayoría de ellos, pero por desgracia recurrentes hasta la saciedad.
Un mal irremediable que tenemos que soportar porque no existe reglamentación que contenga esta práctica nefasta y obligue a los candidatos a ofrecer una propaganda veraz y de calidad.
Veamos algunos ejemplos de ellos:
Los vehículos con altoparlantes que recorren todo el día las calles de la ciudad y las comunidades con el perifoneo a todo volumen, vomitando textos y fondos musicales insufribles, sin importarles lacerar el sistema auditivo de la gente y romper la bucólica tranquilidad de los pueblos con su contaminación sónica casi a la medianoche.
Las mantas, lonas, pósters, engomados y pancartas en las que se presentan las fotografías de los aspirantes, matizadas por el “fotochop”, mostrando una sonrisa protésica y una total ausencia de imperfecciones dérmicas producto de manejo de pixeles que más bien hacen parecer los rostros patéticos o ridículos, plenamente faltos de autenticidad y hasta repulsivos.
Hay que incluir necesariamente los lemas de campaña, confusos algunos y francamente falsos otros. Y que mueven al lector o al escucha a preguntarse, por ejemplo:
¿De qué se requiere rescatar a Cerritos? ¿De ser rehenes del pánico y la extorsión con que nos somete impunemente el crimen organizado y desorganizado? ¿De la impunidad con que operan los mafiosos? ¿De la corrupción o incompetencia de las autoridades responsables de aplicar la ley en todos sus niveles? ¿De la creciente pobreza alimentaria, educativa y económica que asuela a las familias? Y si es así, ¿cómo lo harán?
¿Cuál es el compromiso con Cerritos? ¿Elegir los mejores hombres para formar el equipo de gobierno? ¿O dar chamba a los “fieles incondicionales”? ¿Pagar la cuota al cuate? ¿Pugnar por generar más recursos propios en el orden fiscal municipal o seguir tolerando la elusión y evasión de contribuciones a los mecenas poderosos y potentados amigos?
¿Cuál es el cambio verdadero? ¿Existe una estrategia administrativa que impida que los grupúsculos tradicionales enquistados en la función pública municipal sigan medrando del erario impúdicamente?
¿Terminar de tajo con el favoritismo en la asignación de obras y con el uso faccioso de los programas sociales? ¿Supervisar y sancionar a los contratistas que entreguen obras deficientes y de pésima calidad?
En fin, son preguntas ineludibles que deberán contestar quienes aspiran a dirigir los destinos de este sufrido pero nunca resignado pueblo, si quieren ganar la confianza de los electores.
Los votantes locales ya no son ingenuos, y si bien los políticos llenan sus mítines con elementos del llamado voto duro, los votantes libres son los que inclinarán la balanza en la decisión final, que se depositará en las urnas el primero de julio, la cuál es inobjetable.
CINCELAZO.- ¡El “Zoon politikon” ha evolucionado!
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