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¡Ya basta!

Nada exacerba más los ánimos de una sociedad irritada por la inseguridad y la violencia cotidiana que el asesinato de uno de sus hijos más respetables.
El hartazgo del pueblo cerritense se densifica sobrecalentado por la inoperancia de las autoridades investigadoras quienes hasta la fecha no tienen resultados palpables para detener y procesar a los autores del proditorio homicidio de don Pedro Cruz Licea, un hombre que no hacía mal a nadie, una víctima inocente de esta espiral de violencia que corroe y pudre el tejido social, sin que la fallida guerra calderonista pueda someterla.
Cariñosamente conocido con el mote de “Perico”, la fama del señor Cruz Licea trascendió las fronteras de Cerritos e incluso del estado, no sólo por su arte en la preparación de la excelencia culinaria que es el cabrito al horno, orgullo y tradición de la región, -arte que comparte con su hermano Andrés y los descendientes de ambos-, sino también por su bonhomía, laboriosidad y honestidad ejemplares.
Se casó y formó aquí una respetable familia que procreó varios hijos, todos honestos y trabajadores como sus padres. Ellos les dieron varios nietos, uno de ellos, Marco Antonio Pineda Cruz acompañaba a su abuelo el día del infausto suceso. Él también resultó baleado, pero por fortuna sobrevivió al cobarde ataque.
La imaginación popular engendró varias versiones en torno al brutal crimen del comerciante, se manejaron en medios locales y estatales especies que van desde una ejecución del crimen organizado por negarse a pagar protección, hasta una venganza personal por envidias, pasando por la de un frustrado asalto, esta última, –según policías ministeriales– la línea de investigación más probable.
Como sustento de esta hipótesis se maneja el hecho de que a la víspera de su sacrificio, don “Perico” recibió la visita de unas gentes que le ofrecieron en venta un lote de cabritos para lo cual le asignaron fecha y hora para verlos en un sitio aledaño a la comunidad de “El Gato”. Coincidentemente los tiempos designados concuerdan con la fecha y hora en que sus asesinos lo esperaban emboscados entre la maleza para asesinarlo en el trayecto al lugar señalado por los supuestos vendedores.
Gente de buena fe, don Pedro no desconfió de los desconocidos y asistió puntual a su cita con su fatal destino, donde lo esperaban los asaltantes y ahora homicidas. Un sacrificio innecesario, una muerte inútil de un hombre provechoso para la sociedad.
El agravio social llega ya a niveles peligrosos. La gente empieza a hartarse de la impunidad con la que opera la delincuencia y la tolerancia cómplice o sumisa de las autoridades.
La válvula de escape a la olla de presión en que esto se ha convertido depende en gran medida de los resultados que obtengan las autoridades con el Plan “San Luis Seguro”. Un embate eficaz al crimen en el estado traerá de nuevo la calma a las familias potosinas y en particular a las de Cerritos y conjurará el riesgo de un estallido social, indeseable pero justo, aunque siempre de consecuencias funestas.
Hasta hoy la población ha tolerado extorsiones, amenazas, “desapariciones” e incluso agresiones físicas de forma estoica, pero todo tiene un límite y este parece haber llegado, quienes antes guardaban una actitud omisa y un silencio cómplice, ahora empiezan a protestar por lo bajo, en un rumor de inconformidad que va in crescendo, en tono ascendente de ira y hastío.
El dragón dormido empieza a despertar y cuando eso suceda no habrá poder humano que lo detenga. La acción punitiva contra los delincuentes debe ser inmediata y eficaz para mantener la paz social.
A nivel local, quienes degustamos los exquisitos cabritos de “Don Perico” tal vez superemos su ausencia y encontremos otro proveedor igual, pero su familia jamás recuperará esa pérdida. El duelo de ellos no terminará nunca.
Que al Gran Arquitecto del Universo les dé la resignación que necesitan.

CINCELAZO: La garganta del pueblo tiene sed de justicia.

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