Por Marco Serna.- “Nada puede hacerse… para todo hay solución menos para la muerte”.
Comentarios como este se han escuchado en relación al caso donde un joven estudiante que cursaba la escuela Preparatoria perdió la vida.
Otra manera de pensar radica en la confusión de lo que es la “voluntad divina”, es decir “porque así lo quiso Dios”, pero este pensamiento “arcaico”, diría yo, es lo que impide a la gente pensar en quién tiene verdadera responsabilidad sobre determinados actos.
Para la realización de un hecho como el planteado, debieron ocurrir una serie de sucesos y el lector tiene que crearse una opinión antes de comentar al respecto.
Citaremos solo unos ejemplos porque, si abundamos en el asunto esta página que debe corresponder a la editorial resultaría insuficiente.
No se sabe si el dueño de la camioneta, se percató de la experiencia como chofer del muchacho, si éste contaba con una licencia para conducir, el tipo de pruebas que se le realizaron al dársele el documento (porque al parecer el adolescente no llevaba puesto el cinturón de seguridad) o si la unidad estaba en condiciones aptas para salir a carretera (digamos de las llantas o dirección).
En relación a que en el lugar se encontraron envases de cerveza y una botella de tequila semivacía, ¿Se habrá cerciorado el vendedor de alcohol si él o los los compradores tenían la mayoría de edad?
Ahora bien ¿Estará el expendio con su documentación en regla?
Pero si alguno de los habitantes del Rincón de Turrubiartes o de Derramaderos vieron a un grupo de adolescentes bebiendo tequila o la camioneta conducida de modo excesivo o temerario, ¿Por qué no se dio aviso a tránsito municipal?
Por otro lado, ¿Dónde queda la responsabilidad de los padres o maestros?
¿Acaso jugarían también un papel importante en el accidente las condiciones en que se encuentra el camino Cerritos-Derramaderos?
¿Es verdaderamente amplia la carretera? ¿No es resbalosa ahora con la temporada de lluvias? ¿Cuenta con señalética adecuada para advertir de los riesgos al chofer?
Con estas interrogantes, está claro que toda un serie de eventos y sucesos repercuten en un fin, a veces lamentable o trágico.
Como ciudadanos debemos preguntarnos el grado de la responsabilidad que tenemos en que sucedan cosas como estas que guste o no, afectan el entorno social.
Hoy nada puede hacerse para recuperar la “vida por delante” que tenía este joven, pero sí podemos cambiar nuestros esfuerzos para lograr un futuro mejor.
Existen ciertos ordenamientos que ya están establecidos, tanto morales o jurídicos, solo depende de nosotros como ciudadanos exigir que se cumplan o hacer cada uno la parte que nos corresponde.
Dice un familiar cercano que toda desgracia nos ocurre por confiados e imprudentes.
Generalmente la mentalidad del ciudadano de nuestro entorno, solo entra en acción cuando se le afectan directamente sus intereses.
Por ello, a nadie le importa que un grupo de maleantes haya violado a una mujer la semana pasada, puesto que han de decir “ni de mi familia es”, pero atención señores, los violados fuimos nosotros: Se violentó nuestra seguridad y a estas alturas serán pocas las muchachas que se atrevan a caminar solas antes de la medianoche por zonas céntricas.
Comprendamos, los culpables somo nosotros, no metamos a “Dios” en asquerosos asuntos de humanos.






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