- Un reconocimiento a algunos cerritenses que han mostrado su amor por la música y su gusto por los equipos de sonido de alta fidelidad
MARCO SERNA.- La música es una forma de expresión, de cultura y de placer, que se puede disfrutar de diferentes maneras y con diferentes medios, sin la necesidad de ejecutar algún instrumento. Hay personas que se interesan por la calidad y la fidelidad del sonido, y que invierten en equipos de reproducción y grabación de audio de alta tecnología. Estas personas se conocen como audiófilos, y buscan oír la música del modo más fidedigno posible.
Hay otras gentes que sienten pasión y entusiasmo por la música, sin importar el medio por el que la escuchen. Se conocen como melómanos, y disfrutan de la música por su valor artístico, cultural y emocional. Los melómanos se interesan por conocer la historia, los autores y los estilos de la música que escuchan. Algunos son coleccionistas.
En la región de Cerritos, hay personas que se pueden considerar como audiófilos o melómanos, o ambos, que han demostrado su amor por la música de calidad y su gusto por los equipos de sonido de alta fidelidad. Estas personas han sabido apreciar y coleccionar música de diversos géneros y épocas, como jazz, blues, rock, folk o música clásica, que no son tan comunes en el ambiente musical de la zona.
Se trata de sujetos muy detallistas con su equipo de sonido casero, que puede ser un modular de los años 80 en adelante, aunque la época de oro de estos aparatos fue entre los 60 y los 70, cuando sonaban de maravilla. Hay quienes aún los conservan, pues los equipos actuales no les superan en calidad, eso lo saben los conocedores. Estas personas coleccionan materiales musicales que consiguieron en tiendas, bazares o por internet, y los tienen en una vitrina como parte de sus colecciones o bien almacenados en sus computadoras.
Ellos han sido testigos y protagonistas de la evolución de la música y de los medios de reproducción, desde los discos de vinilo, los casetes, los CDs, hasta los discos duros y los reproductores digitales. Han invertido en equipos de sonido que les permiten disfrutar de un sonido fiel, nítido, potente y claro, que les brinda una experiencia única.
Los melómanos o audiófilos de Cerritos, son un ejemplo de que la música es una forma de vida, que se siente con intensidad y con conocimiento. Estas personas han mantenido vivo el interés y el placer por la música de calidad, a pesar de los cambios en las tendencias y los gustos musicales. El minúsculo grupo ha rescatado y conservado la música de calidad, que forma parte de su patrimonio cultural y personal.
A continuación, presentamos algunos ejemplos de estos amantes de la música en Cerritos, con los que llegamos a convivir, o bien que tienen tal fama, según el dicho de quienes los conocen:
- La familia Almazán, que en sus negocios donde ofrecían mariscos, siempre hacían sonar una música agradable a alta calidad, con equipos de “sonido vintage”.
- Andy Castillo (+), que en su bar nos deleitaba con grandes álbumes que han cambiado la historia musical, en una época donde era difícil conseguir esos materiales. Su colección de discos era impresionante y variada.
- Gera Galván, don Truchs (+) y sus hermanos, los Galván Castillo, que en sus negocios también ponían música de buen gusto y calidad, con equipos de sonido potentes y nítidos.
- Quique Vázquez y su hermano Juan Carlos, que también tocaban en sus aparatos música apreciable, en épocas donde no era común escuchar tales ritmos en esta localidad.
- René Garza, que calificó de maravilla lo que en un tiempo se podía almacenar en un iPod de primera generación, y que sin duda tiene equipos de reproducción de alta fidelidad. Su selección musical abarca desde el jazz hasta la música clásica, pasando por el rock y el folk.
- Arturo Fonseca, que fue de los primeros cerritenses en tener un buen sonido estéreo, con un equipo de sonido que le permite disfrutar de su colección de discos, que incluye joyas musicales de distinta época.
- Francisco A. Avitúa mejor conocido como “El Chico”, por cierto, voceador de Plurinominal, una persona que siempre ha sido un fiel apasionado a los buenos aparatos de sonido. Su equipo es amplio y variado. Francisco es de los pimeros sonideros o Djs que tuvo Cerritos.
- El señor Pedro Castillo (+), que en el restaurante El Acapulco siempre tenía muy buena música de la época con aparatos de alta fidelidad, que le daban un ambiente acogedor y elegante al lugar. Su música preferida era la música romántica y la música mexicana.
- El arquitecto Jaime Luna y el licenciado Juan Manuel Balderas, que si acudimos a sus casas podemos disfrutar de buenas piezas musicales, con equipos de calidad.
- Recordamos también al arquitecto Mario Marín (+). En una época tuvo un bar llamado “Luz de Luna” donde sonaban melodías a buena calidad en un ambiente agradable.
- No podemos olvidar a Juan Manuel Castillo Pardo, el famoso “Chester”, quien no solo era melómano, sino músico y cantante, enfocado en refinados estilos de canciones pop, una persona muy adelantada a la época, por cierto tuvo algunas presentaciones en el bar “Luz de Luna”.
- Concluimos la enumeración con el Bar Total, regentado por don Pascual Perales Pérez, cariñosamente conocido como «Don Pascual» o «El Total» (+). Este entrañable personaje transmitió a sus hijos la pasión por la música de la época dorada de México. En el establecimiento las melodías proporcionaban un toque distintivo, exhibiendo imágenes de bandas de músicos cerritenses y otros personajes destacados.
Claro que hay más personas apasionadas a este arte, u otras gentes que desconocemos, o que se nos olvida incluir, y nos disculpamos, pero todos son un ejemplo de que la música es una forma de expresión, de cultura y de placer, que se puede disfrutar de diferentes maneras y con diferentes medios.
Las nuevas generaciones deben darse tiempo para apreciar una canción de la época dorada de nuestro país en un aparato de alta fidelidad, reproducida con alta resolución. Es una experiencia que no debemos perdernos, sentarnos frente a un aparato, cerrar los ojos para liberar emociones, recuerdos y planes a futuro, o bien hasta como un ejercicio terapéutico.
Dicen los expertos que la música tiene un poder enorme sobre nuestra mente y nuestro cuerpo, como lo demuestra el libro Musicofilia, de Oliver Sacks, quien elabora un lúcido análisis de cómo la música es un factor clave para crear la identidad humana, ya sea de una manera patógena o como un agente positivo a la hora de tratar el Parkinson, la demencia, el síndrome de Tourette, la encefalitis o los ataques de lóbulo temporal. Pero esto será tema de un artículo aparte.
Volviendo al asunto principal de este artículo, tratamos de que los jóvenes dejen en pausa los balbuceos y el mal uso del lenguaje en una cultura del narco que ahora domina en las canciones. Antes, con las letras de Agustín Lara, la gente recurría al diccionario. Había qué consultarlo para entender algunas palabras, lo que enriquecía el vocabulario. Esto obligaba, además, a apreciar la calidad de los intérpretes musicales de tales piezas, que no tenían modo de corregir errores, sino que las ejecuciones debían de salir a la primera para ser grabadas en estudios de grabación con equipo análogo. Ahora muchos vocalistas ya no cantan, en el estudio los crean.
En fin, rescatemos nuestra música y apreciémosla desde un equipo de alta fidelidad.














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