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Calzado de calidad, una tradición en declive

  • La piel es reemplazada por telas y materiales sintéticos afectando el oficio del zapatero

MARCO SERNA.- En la ciudad de Cerritos, el antiguo oficio de zapatero, una vez floreciente y respetado, se enfrenta a la amenaza de la extinción. Este término también aplica para los que comercian calzado, pero nos enfocaremos al que se utiliza para referirse a quienes lo arreglan.

La transformación de la industria del calzado, impulsada por la codicia corporativa y la búsqueda de ganancias a corto plazo, ha llevado a un cambio radical en los materiales y la durabilidad del producto.

La piel, un material tradicionalmente asociado con la calidad y la longevidad, ha sido reemplazada por telas y materiales sintéticos en un esfuerzo por reducir costos y aumentar la frecuencia de compra por parte de los consumidores.

Esta transición no solo responde a motivaciones económicas, sino también a un creciente movimiento de protección animal. Marcas globales como Nike lideran esta tendencia con modelos de tela, que, aunque desechables y costosos, apelan a una conciencia más ambientalista. Paralelamente, el mercado se inunda de clones de calzado, importados de China y vendidos en mercados informales como Tepito, ofreciendo precios accesibles pero a costa de la calidad y la durabilidad.

Los zapateros de Cerritos, herederos de una tradición que se remonta a generaciones, observan con preocupación cómo su arte se desvanece. Artesanos conocidos como Clemente, El Huesos y El Chino, han dedicado parte de sus vidas a la reparación y mantenimiento de calzado, una práctica que se resiste a desaparecer ante la cultura del descarte. Esto va ligado con los boleros, quienes saben sacar brillo al calzado de piel, pero este gremio es un tema aparte.

La preferencia actual por la novedad y la moda rápida ha eclipsado la apreciación por la calidad y la sostenibilidad. Hace décadas, invertir en un buen par de zapatos era una decisión económica inteligente; hoy, la tendencia es hacia el consumo rápido y la renovación constante del guardarropa. Los jóvenes, en particular, se sienten atraídos por la idea de poseer múltiples pares de tenis de moda en lugar de valorar y cuidar un solo par de calidad.

Sin embargo, los zapateros se mantienen firmes, confiando en que aún existe un segmento de la población que valora la artesanía y busca prolongar la vida útil de su calzado. A pesar de las dificultades, estos guardianes de una profesión milenaria se aferran a la esperanza de que la calidad y la tradición prevalezcan sobre la conveniencia y el consumismo.

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